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7 agost 2020


La Pandemia en un mundo globalizado o el virus de la indiferencia

La Pandemia en un mundo globalizado o el virus de la indiferencia

Artículo de opinión de Maite Puertes, miembro del comité de coordinación de Pobresa Zero

Fuente: eldiario.es

01/04/2020

Difícil transmitir desde este vaivén de emociones y tensiones lo que nos está suponiendo la pandemia del coronavirus como sociedad. Medidas como el confinamiento en las casas, el aislamiento social (como cuesta), el teletrabajo, o las visitas a los tuyos de manera virtual, se han convertido en una nueva extraña cotidianeidad en la que todos estamos sumidos en mayor o menor medida… Los grados de ansiedad varían, en función de si tenemos familiares o seres queridos con la enfermedad, o sanitarios o trabajando para mantener vivas las arterias de un país tocado…. Aun así la mayoría, que no todos desgraciadamente y eso no hay que olvidarlo, tenemos una casa en la que atrincherarnos, tenemos agua corriente (fría y caliente) luz, calefacción, entretenimiento y la posibilidad de acceder a comida y a ¡Artículos de primera necesidad!, que en el “primer mundo”, escrito así con comillas y a propósito, son muchos más  de los que se considerarían así en los países empobrecidos, muchísimos más de los que  pueden  ni imaginar las personas que malviven en los campos de refugiados y casi impensables si trasladamos la “necesidad” a los países del África subsahariana… Vamos, un lujo eso de tener la nevera llena, farmacias abiertas en las esquinas y la posibilidad de comprar en el horno o por Internet…

Y es aquí donde debemos pararnos a la reflexión, ya que si bien esta nueva pandemia que nos ha puesto arribas al mundo, ha demostrado que las fronteras no existen, que el medioambiente se regenera si nosotros paramos, que el virus viaja más que las personas y que es necesario contenerlo con medidas extremas; ha puesto sobre la mesa también otra realidad  extrema y que con la pandemia se hace más acuciante si cabe, y es a la que están sometidas día tras día las personas sin techo o las familias en los campos de refugiados.  Y es que en los campamentos improvisados donde se hacinan las familias es imposible mantener el aislamiento social, y lavarse las manos… impensable…. Y no olvidemos el drama del África Subsahariana, donde un porcentaje enorme de la población no cuenta ni con agua potable para el consumo...

Dicho lo cual deberíamos plantearnos además, el por qué no se informa de cómo está afectando la pandemia a estos colectivos, a estos países…. y no lo sabemos, simplemente porque no hay datos, porque no se está contabilizando, porque no hay medios, porque no se están facilitando la aplicación de medidas ni de contención ni de prevención y porque, aunque suena feo decirlo, no importan o importan menos….

Así que de nuevo la realidad nos vuelve a pasar encima como una losa, y saca lo mejor y lo peor del ser humano. En nuestro caso la empatía envuelta en aplausos camufla en cierta medida el a-mi-primero, yo incluida, y nos hace cerrar los ojos ante la realidad terrible a la que se enfrentan millones de personas sin acceso a lo básico, sin derechos y que son blanco perfecto frente a este virus y frente a tantos otros…. 

No sé si llegaremos a saber el grado de afección que el Covid 19 puede llegar a tener en estas poblaciones. Y ojalá sí, podamos frenar la pandemia, aplanar la curva, recuperar nuestras vidas con las menores bajas posibles… y ojalá también que en el mundo que no cuenta a efectos mediáticos esta no sea letal, porque de serlo y aunque no abra informativos, causará el mismo inmenso y terrible dolor que nos está causando a nosotros, al que hay que añadir la desesperanza por la falta de medios, medidas…

Por todo ello hacemos un llamado a los gobiernos para que en los paquetes de medidas se tenga en cuenta a las poblaciones olvidadas, porque los virus no saben de fronteras, como bien estamos viviendo en nuestra piel y porque de esta hemos de salir todos como planeta. Ojalá se dan los pasos necesarios y en la dirección adecuada.